<= San Martín

La Fundación de la Villa

La fundación de una villa supone la delimitación de un espacio urbano, que normalmente se cerca o se amuralla, y el establecimiento de unas normas de reacción entre la nueva población y la autoridad correspondiente.    En Guipúzcoa el proceso se inicia en la fundación de San Sebastián, hacia el año 1180, por iniciativa de los reyes de Navarra.

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     Habitualmente la villa se funda sobre un asentamiento de población ya existente. En el caso que nos ocupa existía una entidad de población más antigua, el valle de Iraurgi, que al igual que otras entidades similares, el valle de Léniz, por ejemplo, sufre una gran transformación con la aparición de las villas. Se fundan Azpeitia y Azkoitia en un plazo de quince años. En ambos casos, además, al poco de la fundación se solicita un cambio de emplazamiento desde una posición dominante al fondo del valle.

  La primera fundación de Azkoitia se produce en tiempos de Alfonso XI, en 1324, y recibe la denominación de San Martín de Pinezkoytia de Iraurgi.  Además de una serie de ventajas importantes como la obligación de que las comunicaciones ente Getaria y Mondragón se realizaran pasando por esta villa, el rey les da el “mortuero” que tenia en Beydacar. No se conoce con seguridad el significado de la palabra mortuero, ni las razones por las que el rey era su propietario. Pero, si tenemos en cuenta los datos arqueológicos obtenidos en San Martín se puede pensar que era un lugar de enterramiento  (muertos=mortuero).

Siete años después de la concesión de la carta puebla los habitantes de Azkoitia se dirigen nuevamente al rey pidiéndole que les autorizase el traslado de la villa a una heredad cercana al monasterio de Santa María de Balda.  El rey accede dando un nuevo nombre a la población: Miranda de Iraurgi en atención a la denominación del lugar elegido.

 En San Martín se mantendría un pequeño lugar de culto que guardó durante muchos años el topónimo fundacional: Beydacar o Beidacar. Como se conoce todavía a la ermita en documentación del siglo XVI. Este siglo se construye la actual iglesia parroquial de Santa María la Real, en el centro urbano y se reorganiza, con este motivo, la red religiosa de la población. La ermita de San Martín parece que se reformó y amplió, dotándose en 1520 de una nueva campana.

 Probablemente, debido a su larga trayectoria histórica, se convierte en el lugar preferido para enterramientos infantiles, especialmente de aquellos que no pudieron bautizarse. La ermita prolongo sus funciones religiosas hasta el siglo XIX, época en la que pasa a desempeñar usos de hospital y lazareto.

Finalmente, en 1997, se han prolongado las aguas de los tejados hasta cubrir las terrazas superiores, con la intención de suavizar la silueta del edificio que se recorta en el horizonte y devolverle el aspecto de una construcción tradicional.